¡Qué tensión en la primera escena! El protagonista en traje blanco deteniendo el taxi bajo la lluvia es puro cine. La interacción con Clara es fría pero cargada de historia no dicha. Me encanta cómo en ¿Crees que soy tonta por amor? usan el silencio para decir más que mil palabras. La transición a la mansión y la entrega de la tarjeta negra añaden un giro de poder inesperado. Y ese informe final... ¡la foto de la niña lo cambia todo! Una narrativa visual impecable que te deja queriendo saber más.