La química entre el florista y la clienta es palpable desde el primer momento. La escena donde ella le limpia una lágrima es tan íntima que duele. Dos meses después, la tensión no ha desaparecido, sino que ha evolucionado. Ver cómo él se pone nervioso con otro cliente mientras ella observa celosa es puro oro dramático. En ¿Crees que soy tonta por amor?, estos detalles cotidianos en una floristería construyen un romance lento pero devastador. La actuación es sutil y llena de matices.