Ver cómo él se arrodilla ante su abuela y luego miente con ternura a ella me rompió el corazón. En (Doblado) Mi marido mendigo es un magnate oculto, cada mirada cargada de culpa y cada abrazo fingido son puñales emocionales. Ella cree que él es su salvador, pero él sabe que es su verdugo disfrazado. La escena del abrazo final, con chispas doradas flotando, es poesía visual del dolor contenido. ¿Hasta cuándo podrá sostener esta farsa sin derrumbarse?