La tensión en ese ascensor azul era insoportable, una calma antes de la tormenta que definió todo el episodio. Ver cómo el protagonista miraba esa foto con tanta devoción mientras su rival lo observaba con recelo fue magistral. La llegada al salón de billar cambió el ambiente, pero la química entre ellos seguía cargada de electricidad estática. En Mi guardaespaldas es el gran jefe, cada mirada dice más que mil palabras, especialmente cuando el orgullo y el deseo chocan en una partida de billar. ¡No puedo esperar a ver quién gana esta partida de poder!