La tensión inicial en la cárcel es palpable, con esa mirada de traición que lo dice todo. Pero el giro hacia la sesión de hipnosis en el salón cambia completamente el juego. Ver cómo manipulan la mente de la protagonista mientras él observa impotente es fascinante. En Mi guardaespaldas es el gran jefe, cada escena construye un misterio psicológico que te deja pegado a la pantalla esperando el siguiente movimiento.