Ver a Alex y Amy firmar la rescisión del vínculo con su padre duele más de lo que esperaba. La escena en el salón de gala, con vestidos brillantes y trajes impecables, contrasta con la frialdad del documento. Pero el recuerdo de cuando celebraron entrar a Harvard con su papá cocinero… ¡eso sí que me hizo llorar! En Adiós, mi esposa tentadora, los giros emocionales no perdonan. La hija que dice "desde hoy soy Amy Frye" con una sonrisa forzada… ¿quién no ha sentido eso?