¡Qué tensión! Ver a la chica golpeando la puerta y luego saltando por la ventana me tuvo al borde del asiento. Su determinación por salvar a su papá en Adiós, mi esposa tentadora es admirable. La escena donde interrumpe la charla elegante con su rodilla sangrando crea un contraste visual brutal entre la inocencia y la traición corporativa.