¡Qué tensión en este episodio de Adiós, mi esposa tentadora! La escena donde la mujer es abofeteada por su propia soberbia es brutal. Creí que dominaba la sala, pero su plan se desmoronó al instante. La llegada de la verdadera inversora cambia todo el juego. Me encanta cómo la serie expone la hipocresía corporativa con tanta crudeza.