¡Qué tensión en esta escena de Adiós, mi esposa tentadora! Ver a John quemar el ascenso de Eva mientras su familia celebra es brutal. La ironía de que Alex hable de heredar la empresa justo cuando su padre planea destruirlos a todos me dejó sin aliento. Esos vestidos dorados y trajes impecables contrastan perfectamente con la podredumbre moral que se revela. La mirada de Miya al recibir las órdenes dice más que mil palabras. Una clase magistral en cómo mostrar que las apariencias engañan en las altas esferas corporativas.