Ver a ese tipo con espuma en la cabeza pasar de dar un pulgar arriba a liderar una horda de zombies fue un giro brutal. La tensión cuando la chica grita por el megáfono y luego aparece ese payaso aterrador entre los muertos me dejó helado. En El casero del apocalipsis no esperas que el humor se mezcle con tanto horror de forma tan efectiva. La atmósfera de ciudad en ruinas bajo ese cielo naranja le da un toque único a la desesperación de los personajes. ¡Qué final tan inesperado!