Ver a un médico zombi con motosierra pasar de querer amputar una pierna a sonrojarse por un apretón de manos es el giro más inesperado y divertido que he visto. La tensión inicial en el hospital da un vuelco total cuando el paciente, lejos de huir, acepta su destino con una sonrisa. Este momento de conexión humana, o no muerta, eleva la trama de El casero del apocalipsis a otro nivel. La animación captura perfectamente ese cambio de terror a comedia romántica absurda. ¡Definitivamente quiero ver más de esta extraña pareja!