La tensión en La reina del destino es insoportable. Ver a Don Gómez suplicar de rodillas mientras la emperatriz observa con frialdad me dejó sin aliento. Pero cuando el rey se quita la capucha y grita '¿quién se atreve a tocarla?!', ¡el giro fue épico! La mirada de la protagonista al darse cuenta de quién la protege dice más que mil palabras. Escenas así hacen que no pueda dejar de ver la aplicación netshort.