Ver a Valeria Osorio toser sangre mientras su jefe Juan Rivera la grita es desgarrador. La escena en el Hospital de la San Loma con el Dr. Tapia confirma lo peor, y verla llorar en el pasillo al escuchar a Yara Silva y Víctor Torres rompe el corazón. En Siempre fui la abandonada, la injusticia duele más que la enfermedad misma.