La tensión en el patio es palpable cuando el antagonista intenta atacar, solo para ser humillado por la inmensa energía roja del protagonista. Verlo meditar y absorber el poder mientras todos miran atónitos es una escena épica. La química entre él y la dama de púrpura añade un toque romántico perfecto a la acción. En Morí y volví para matarlos, estos momentos de transformación son los que realmente enganchan al espectador. ¡Qué final tan inesperado con la llegada del anciano!