¡Qué locura de escena! Ver al maestro con ese bigote tan peculiar y al discípulo temblando de miedo crea una tensión cómica brutal. La transición de estar a punto de ser quemados vivos a recibir un manual de cultivo es simplemente inesperada. En Morí y volví para matarlos, estos giros de guion son los que enganchan. La química entre ambos actores es perfecta, pasando del pánico absoluto a la risa en segundos. Definitivamente, ver esto en netshort hace que la experiencia sea mucho más inmersiva y divertida.