¡Qué giro tan inesperado! Ver al anciano caer tras obtener la fruta fue impactante, pero la verdadera sorpresa es la dinámica entre el joven y la mujer. En Morí y volví para matarlos, la tensión es palpable cuando él come la fruta y ella reacciona con furia. La escena final, donde ella lo besa mientras yace herido entre calaveras, mezcla romance y peligro de forma magistral. La atmósfera verde y mística eleva cada emoción.