La escena donde Aurora entra corriendo asustada y busca refugio en Valerio es pura ternura. Aunque él intenta mantener la compostura recordándole que ya tiene 18 años, al final cede a sus súplicas para dormir juntos. La forma en que él prepara su colchoneta en el suelo mientras ella se acomoda en la cama muestra un respeto y cuidado mutuo muy bonito. Ver esta interacción en El mundo al filo del cuchillo me hace sonreír por la química natural entre los personajes y lo bien que está construida su relación de infancia.