La tensión en esta escena de El mundo al filo del cuchillo es insoportable. Ver a la madre atada mientras él sonríe con sadismo al contarle que los meridianos de su hijo Valerio están rotos duele físicamente. La actuación del antagonista es brillante, pasando de la burla a la amenaza de muerte con una naturalidad aterradora. Ese final donde ella grita que se pudrirá en el infierno mientras él se ría deja un sabor amargo y muchas ganas de ver la venganza.