Ver a Camila siendo usada como rehén mientras el villano sonríe con tanta calma me puso los pelos de punta. La escena donde el protagonista intenta atacar pero cae por el veneno es desgarradora. En El mundo al filo del cuchillo, la tensión no se resuelve con fuerza bruta, sino con dolor emocional. Ese grito de '¡Voy a matarte!' seguido de la caída muestra lo impotente que se siente. La actuación del anciano es escalofriante, disfruta cada segundo del sufrimiento ajeno. Una montaña rusa de emociones que no te deja respirar.