La tensión entre Ricardo Navarro y Camila es palpable. Él usa el alcohol como herramienta de poder, pero ella demuestra una astucia inesperada al intentar cambiar las reglas del juego. La escena donde él la acorrala con la firma del contrato es brutal. Verla beber esa copa con resignación duele, pero deja claro que en (Doblado) Me quedo con todas las negociaciones son batallas de supervivencia.