La tensión entre Ryan y Liana es palpable: él, atrapado en su silla y en su dependencia económica; ella, soñando con ser libre como un pájaro. Pero la verdadera villana es la madre, que desde las sombras maneja los hilos como si fuera una partida de ajedrez. En El millonario fugitivo se convierte en mi esposo, cada mirada y cada llamada telefónica revelan que el amor aquí es secundario frente al poder y el control. ¡Qué drama tan bien construido!