En ¿La sustituya de quién?, Marco Fuentes entrega su imperio a Camila con una devoción que duele. Ella, entre sonrisas y dudas, acepta las acciones como si fueran flores. Pero cuando él escucha sus palabras crueles —"no es más que un perro"—, el corazón se quiebra en silencio. La escena del contrato firmado sin su presencia es un puñal disfrazado de romance. ¿Amor o estrategia? En este drama, hasta los besos tienen cláusulas ocultas.