En ¿La sustituya de quién?, la tensión familiar se siente en cada mirada. Cami, con su vestido blanco y sonrisa perfecta, parece la hija ideal, pero sus palabras revelan un corazón frío y calculador. La madre, con su tono suave pero letal, sugiere crímenes como si fueran consejos de cocina. Y él, el hombre de traje oscuro, escucha en silencio… ¿es víctima o cómplice? La atmósfera es opresiva, los diálogos cortantes, y la traición flota en el aire como perfume caro. Una joya del drama corto que te deja sin aliento.