Ver a Valeria siendo usada como moneda de cambio duele, pero ver cómo él rompe el contrato es catártico. La tensión entre el pasado y el presente en ¿La sustituya de quién? está perfectamente construida. Las escenas retrospectivas no son solo recuerdos, son piezas de un rompecabezas emocional que duele ver armarse. Su mirada al final lo dice todo: ya no es el mismo.