La tensión en ¿La sustituya de quién? es insoportable. Ver a Alejandro escuchar los besos por teléfono mientras la pareja se burla es doloroso pero adictivo. Su expresión de furia al colgar y ordenar al chofer que acelere muestra un amor desesperado. La escena final donde irrumpe en la sala mientras ellos se preparan para la ceremonia deja el corazón en la boca. ¡Qué drama tan intenso!