La tensión en esta escena de ¿La sustituya de quién? es insoportable. Ver a Valeria, con ese vestido rojo nupcial, enfrentando el rechazo inicial de Doña Elena duele, pero su determinación al preguntar por su cuarto demuestra que no vino a jugar. La revelación de que Alejandro está ciego y deprimido añade una capa trágica perfecta. Conquistar a un hombre roto será difícil, pero ella parece dispuesta a intentarlo. ¡Qué drama tan adictivo!