La tensión en la escena del coche es insoportable, con esa iluminación trasera creando un aura de misterio total. Verla despertar sudando y asustada me hizo sentir su angustia. La transición a la vida real en el hotel es brutal, especialmente cuando él aparece caminando con tanta seguridad. En Del barro salió la reina, el contraste entre el miedo nocturno y la elegancia diurna es fascinante. Ese final con las chispas sugiere que el peligro no ha terminado, ¡qué ganas de ver qué pasa después!