La tensión en esta escena es palpable. La protagonista en el vestido azul no necesita gritar para dominar la habitación; su sola presencia desestabiliza a todos. La mirada de desdén de la mujer en naranja contrasta perfectamente con la calma calculada de la heroína. Es fascinante ver cómo Del barro salió la reina maneja estos momentos de confrontación social donde las palabras sobran. El diseño de vestuario cuenta una historia por sí solo: el brillo frío contra el cálido, el poder real contra la pretensión. Una joya visual que engancha desde el primer segundo.