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Siempre fui la abandonada Episodio 24

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Siempre fui la abandonada

Valeria Osorio necesitaba dinero para la cirugía de su abuela adoptiva y donó un riñón a una millonaria, la hija adoptiva de su madre biológica. La mujer y su hijo la rechazaron para proteger a la hija que criaron. Tiempo después, Luna Ruiz le dio el amor que necesitaba, y Valeria se convirtió en científica exitosa. Cuando su familia biológica buscó su perdón, ¿ella los perdonaría o elegiría otra opción?
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Crítica de este episodio

La traición duele más que la enfermedad

Ver a Valeria en esa cama, con sangre en los labios y el corazón roto, es desgarrador. Víctor no solo la rechaza, sino que la acusa de mentir sobre su identidad. La escena donde Inés sonríe desde la silla de ruedas mientras todos la abandonan es pura maldad disfrazada de inocencia. Siempre fui la abandonada no es solo un título, es una sentencia. ¿Quién realmente merece ser llamada heredera? La verdad siempre sale, pero a qué costo.

Inés: la villana que todos subestiman

Esa sonrisa de Inés cuando Víctor dice que Valeria nunca fue su hermana… ¡escalofriante! No necesita gritar ni golpear, su silencio y su mirada lo dicen todo. Valeria, aunque herida, tiene una dignidad que Inés jamás tendrá. La madre, Valeria (la adulta), parece arrepentida, pero ya es tarde. En Siempre fui la abandonada, el verdadero monstruo no está en la cama, sino en la silla de ruedas.

Víctor: ciego por el amor falso

Víctor grita, apunta, amenaza… pero no ve lo que tiene frente a sus ojos. Valeria, sangrando y llorando, aún intenta razonar con él. Mientras, Inés, con su vestido impecable y su postura perfecta, manipula sin decir una palabra. ¿Cómo puede alguien ser tan ingenuo? En Siempre fui la abandonada, el amor fraternal se convierte en arma de destrucción masiva. Y Valeria paga el precio.

La madre que llegó demasiado tarde

Valeria (la madre) entra con elegancia, pero sus palabras son vacías.