Ver a Valeria en esa cama, muda e inmóvil, mientras su hermano la acusa de intentar matar a Inés, me partió el alma. La tensión en Siempre fui la abandonada es insoportable. Él cree que protege a su familia, pero solo está destruyendo a su propia hermana. ¿Realmente no ve que su 'protección' es veneno?
El discurso de él sobre cómo Inés salvó a la familia mientras Valeria 'causó caos' es manipulación pura. En Siempre fui la abandonada, cada palabra duele porque sabemos que Valeria no puede defenderse. La adopción, la pérdida, la culpa... todo se usa como arma. ¿Cuándo dejarán de culparla por existir?
Valeria no responde, y eso lo vuelve todo más intenso. En Siempre fui la abandonada, su silencio no es derrota, es dignidad. Mientras él habla sin parar, ella sostiene la verdad con la mirada. Ese momento en que se sienta junto a la cama... ¿está pidiendo perdón o preparando su contraataque?
Todos hablan de Inés como la santa que 'ayudó a seguir adelante', pero en Siempre fui la abandonada, nadie pregunta qué hizo ella para merecer tanto odio de Valeria. ¿Será que la 'hija de verdad' no es tan inocente? A veces los ángeles tienen alas de cuervo.
Mencionar a la madre que 'casi no superó' la pérdida de Valeria es un golpe bajo. En Siempre fui la abandonada, usan el dolor materno como excusa para justificar el maltrato. Pero ¿y el dolor de Valeria? ¿Nadie piensa en lo que ella vivió sola, perdida, sin familia?