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Siempre fui la abandonada Episodio 55

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Siempre fui la abandonada

Valeria Osorio necesitaba dinero para la cirugía de su abuela adoptiva y donó un riñón a una millonaria, la hija adoptiva de su madre biológica. La mujer y su hijo la rechazaron para proteger a la hija que criaron. Tiempo después, Luna Ruiz le dio el amor que necesitaba, y Valeria se convirtió en científica exitosa. Cuando su familia biológica buscó su perdón, ¿ella los perdonaría o elegiría otra opción?
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Crítica de este episodio

La verdad duele más que un golpe

Ver a la madre darse cuenta de que fue cómplice del abuso es desgarrador. En Siempre fui la abandonada, la escena donde mira sus manos temblando mientras confiesa que no creyó a su hija me hizo llorar. La actuación es tan cruda que sientes el peso de su culpa. Valeria no es villana, es una madre rota por el arrepentimiento.

Él sí la protege, al fin

Cuando él se pone de pie y amenaza con echarla de la familia si vuelve a tocar a Inés, sentí escalofríos. En Siempre fui la abandonada, por primera vez alguien defiende a la víctima sin dudar. Su mirada fría y su voz firme contrastan con el caos emocional de las mujeres. Es el héroe que nadie esperaba, pero que todos necesitábamos ver.

El flashback que lo cambia todo

La transición del presente al pasado, cuando vemos a Valeria siendo golpeada por los matones, es brutal. En Siempre fui la abandonada, ese momento revela por qué ella actuó como lo hizo: miedo, no maldad. La cámara tiembla, la luz se desvanece… todo está diseñado para que sientas su terror. Una obra maestra de dirección visual.

Inés no es santa, pero merece justicia

Aunque Inés haya sufrido, su reacción al ser confrontada es demasiado dramática. En Siempre fui la abandonada, parece que usa su dolor como arma. Pero eso no justifica que la madre la haya ignorado años. Ambas son víctimas de un sistema familiar tóxico. Nadie sale limpio en esta historia, y eso la hace real.

La máscara negra: símbolo o advertencia

Ese hombre con máscara apareciendo en el flashback no es casualidad. En Siempre fui la abandonada, representa la justicia oculta, la venganza silenciosa. Su frase