Ver a Valeria suplicar en silencio mientras su abuela opera es desgarrador. La enfermera sabe demasiado y el médico carga con una verdad que no le corresponde. En Siempre fui la abandonada, nadie habla claro, pero todos lloran en secreto. Ese final con la abuela cubriendo el cuerpo… me dejó sin aire.
La abuela no quiere que Valeria sufra, pero al ocultarle la verdad, la encierra en un dolor aún mayor. La escena donde la anciana decide llevársela del hospital es pura desesperación materna disfrazada de protección. Siempre fui la abandonada nos muestra cómo el amor puede ser una jaula dorada.
Esa mirada de la enfermera cuando el médico le dice 'por eso me lo encargó'… ¡uff! Sabe que está atrapada entre la ética y la compasión. En Siempre fui la abandonada, los personajes secundarios son los verdaderos héroes trágicos. Su silencio grita más que cualquier diálogo.
No saber si Valeria despertará o si ya es demasiado tarde es torturante. Su rostro herido, su mano aferrada a la enfermera… todo grita 'no me dejen sola'. Siempre fui la abandonada juega con nuestra empatía como nadie. ¿Podrá la abuela protegerla sin destruirla?
Su expresión al decir 'por eso me lo encargó' revela que no es solo un profesional, es un cómplice emocional. En Siempre fui la abandonada, hasta los doctores tienen heridas invisibles. ¿Quién lo consolará a él cuando todo esto estalle?