La tensión en el pasillo es palpable cuando él entra con esa mirada fría, pero nada prepara para el giro sobrenatural en el vestíbulo. Ver cómo su mano se transforma en garra mientras protege a la chica herida es puro cine de género. La escena de la transformación digital es impactante y eleva la apuesta dramática de Mi novio es un hombre lobo. La química entre los protagonistas y la atmósfera opresiva del hotel crean una experiencia visual adictiva que no puedes dejar de mirar.