La tensión en esta escena de Siempre fui la abandonada es insoportable. Ver cómo él la abandona en la cama de hospital mientras consuela a la otra en silla de ruedas duele en el alma. La actriz transmite una tristeza tan real que duele verla llorar sangre. Ese final donde él tira el teléfono muestra perfectamente su desesperación. Una montaña rusa de emociones que no te deja respirar.