La tensión en la piscina es insoportable mientras ella lucha por respirar bajo la mirada fría de él. Los flashbacks de la infancia rompen el corazón al mostrar cómo un pequeño gesto de protección marcó sus destinos. En Siempre fui la abandonada, cada gota de agua parece contener lágrimas no derramadas. La actuación de la niña transmite una pureza que contrasta brutalmente con la crueldad adulta.