La tensión en este episodio de Siempre fui la abandonada es insoportable. Ver a la abuela llorando de dolor mientras el joven la ignora por completo rompe el corazón. La escena donde cubren el cuerpo con la sábana blanca es devastadora, pero el giro final con la chica en silla de ruedas sonriendo sugiere una traición calculada. La actuación de la anciana transmite una desesperación tan real que duele verla. Definitivamente, esta trama familiar tóxica me tiene enganchada a la pantalla sin poder parpadear.