La tensión en esta escena es insoportable. Ver cómo la chica de amarillo manipula la situación frente a la piscina mientras la otra sufre es desgarrador. La llegada del chico con el traje verde cambia todo el dinamismo de poder. En Siempre fui la abandonada, estos giros emocionales son constantes y te mantienen pegado a la pantalla. El final, con el empujón al agua, es un shock total que no esperaba. La actuación de todos es increíblemente intensa y realista.