La tensión en esta escena es insoportable. Ver a la protagonista llorando en la cama mientras su rival entra con esa sonrisa triunfante y cruzada de brazos es puro veneno dramático. El giro cuando llegan los padres y el chico cambia la dinámica por completo, revelando que la 'víctima' podría ser la verdadera manipuladora. La sangre en la mano y la mirada de confusión de la chica en la cama dejan un final abierto perfecto. En Siempre fui la abandonada, nadie es lo que parece y cada lágrima podría ser una trampa bien calculada para ganar compasión.