La tensión en esta escena es insoportable. Ver a la protagonista herida y sola bajo la lluvia mientras la otra mujer brilla en el lujo duele en el alma. El momento en que encuentra ese viejo cuaderno y lee las promesas de protección de su hermano es el punto de quiebre de Siempre fui la abandonada. La mirada de ella al darse cuenta de la verdad lo dice todo: el dolor se transforma en una determinación fría. ¡Qué actuación tan desgarradora!