La tensión en el pasillo del hospital es insoportable. Ver a la protagonista en la silla de ruedas mientras esa pareja elegante la observa genera una empatía inmediata. La escena donde la enfermera entra cambia todo el ritmo, revelando que nada es lo que parece en Siempre fui la abandonada. La actuación de la chica en la cama transmite un dolor silencioso que duele ver. Definitivamente, este drama sabe cómo enganchar desde el primer minuto con giros emocionales tan fuertes.