La protagonista de Robas mi búnker, ¿y mi T-Rex? pasa de vigilar pantallas vacías a disfrutar un banquete con un pterosaurio gigante. Su expresión cambia de angustia a felicidad mientras come langosta y bebe vino, incluso imaginando escenas apocalípticas. La mezcla de ciencia ficción, humor y lujo es inesperada pero adictiva. Verla interactuar con criaturas fantásticas en su salón me hizo reír y suspirar. ¡Una historia que combina supervivencia, fantasía y buen gusto culinario!