¡Qué giro tan brutal! De repente, la chica rubia saca la pistola y todo cambia. La tensión en ese pasillo gris es insoportable, pero lo que realmente me rompió fue verla comer ese cerdo estofado con tanta emoción después de la pelea. Es como si la violencia y el hambre fueran sus únicas compañeras. Verla llorar mientras come le da un toque humano increíble a tanta acción. Definitivamente, Robas mi búnker, ¿y mi T-Rex? tiene de todo: disparos, traiciones y momentos que te hacen sentir en el alma. ¡No puedo dejar de verla!