La tensión es insoportable cuando aparece ese bistec jugoso frente a los prisioneros. La chica de pelo rosa observa todo con una frialdad aterradora desde la sala de control, como si fuera un juego para ella. Ver cómo la desesperación convierte a las personas en bestias es duro, pero no puedo dejar de mirar. En medio de este caos distópico, incluso con un T-Rex suelto afuera, lo que realmente da miedo es la psicología humana en Robas mi búnker, ¿y mi T-Rex?. La lucha por la supervivencia nunca se vio tan cruda y realista.