La tensión entre la chica rubia y el hombre de traje es eléctrica, pero lo que realmente roba el espectáculo son esos velociraptores cibernéticos. Verla montar a uno con tanta naturalidad mientras él observa con esa sonrisa misteriosa me tiene enganchada. La escena donde ella se arrastra por el ducto sudando y gritando de miedo contrasta perfecto con la elegancia fría de él. En Robas mi búnker, ¿y mi Tiranosaurio? no sabes si reír o temblar, y eso es justo lo que hace brillante a esta historia. Los detalles como los ojos mecánicos de los dinosaurios y la sangre salpicando en el hangar dan un toque visceral que no esperaba. ¡Quiero más!