La tensión en Robas mi búnker, ¿y mi T-Rex? es insoportable. Ver a la protagonista llorando en la sala de control mientras los dinosaurios robóticos rompen las puertas genera una angustia real. La escena del pasillo oscuro con el hombre de traje y la mujer rubia añade un misterio fascinante sobre quién controla realmente a las bestias.