La escena nocturna en Retroceder es ser invencible me dejó sin aliento. La tensión entre Liam y Mía es palpable, con diálogos cortantes que revelan jerarquías emocionales. El paisaje desolado refleja perfectamente el estado interior de los personajes. Cuando ella llora tras ser rechazada, la cámara se acerca tanto que duele. No es solo drama escolar, es una metáfora sobre pertenencia y orgullo herido. La animación usa sombras y luces para enfatizar la soledad, incluso cuando hay grupo. Ver a Liam sonreír mientras hiere es escalofriante. Y ese final con lágrimas brillando bajo la luna… ¡qué manera de cerrar un episodio!