Ver cómo el protagonista cura y potencia a su dragón para luego aplastar a esos lobos con pura supresión es increíblemente satisfactorio. La animación de los ataques elementales y el paso por los pisos de la torre mantiene la adrenalina al máximo. En Retroceder es ser invencible, la química entre el chico y su mascota mítica se siente genuina y poderosa. El final en ese plano estelar con la columna deja con ganas de más inmediatamente.