Ver En el fin del mundo, yo infecto a los zombis me dejó sin aliento. La escena donde ella abraza a su compañero herido, con lágrimas en los ojos pero sin soltarlo, es pura emoción cruda. No importa si son zombis o humanos, lo que importa es el vínculo. Los efectos visuales son brutales, pero el corazón de la historia late en esos silencios entre gritos.