¡Qué locura de trama! Ver a un soldado transformando un páramo en un vergel usando a los no-muertos como mano de obra es simplemente genial. La escena donde prueba ese melocotón perfecto tras ver crecer el árbol es pura satisfacción visual. Me encanta cómo En el fin del mundo, yo infecto a los zombis mezcla la tensión del apocalipsis con momentos de calma agrícola tan inesperados. Los diseños de los monstruos dan miedo, pero verlos cuidando las plantas es irónico y divertido. Definitivamente, una propuesta única que engancha desde el primer minuto.