¡Qué giro tan inesperado! Ver al protagonista curarse instantáneamente y luego desaparecer en ese portal negro fue alucinante. La escena donde despierta en el almacén lleno de comida y se pone a comer como un niño pequeño me sacó una sonrisa. Pero lo mejor es cuando regresa y deja a todo el equipo militar con la boca abierta. En En el fin del mundo, yo infecto a los zombis la tensión no para de subir. La chica del equipo no puede creer lo que ve, y ese comandante con gafas de sol pasando de la arrogancia al pánico es oro puro. ¡Quiero ver más!